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Contador pisa la huella de Armstrong

Contador en pleno esfuerzo.

En una colina anónima de Texas espera un pozo. 'Dead Man's Hole'. El 'Agujero del Muerto', lo llaman. Armstrong iba allí cuando despertaba de su pesadilla. Del olor de la muerte: la quimioterapia, la luz agria del hospital. Se colocaba al borde. Desnudo. Y saltaba. Catorce metros de caída libre. «Me daba tiempo a pensar». A sentirse vivo. Chapuzón. Frío. El miedo a morir revitaliza. Regresaba corriendo al rancho, llamando a sus hijos. Los abrazaba. Y luego, en el porche, los acariciaba con una mano. En la otra, una 'Shiner Bock', una cerveza negra. La sensación del superviviente. Ayer fue testigo en la contrarreloj de Anguleme del triunfo de otro repescado. De otro chico salido de una camilla: Alberto Contador. Su sucesor. Tras los siete Tours de Armstrong y con el hueco aún sin cubrir de Landis, el siguiente en la lista es un joven madrileño que corre en el equipo de Armstrong. El americano tenía 25 años cuando le dijeron que iba a morir. De cáncer. Contador tiene 24, la larga cicatriz de un cavernoma cerebral y hoy ganará en París su primer Tour.

El agua es vida. Contador posee su propio 'Agujero del Muerto'. Cuando despertó de la operación cerebral, incapacitado para todo, casi vegetal, miraba los cristales de la habitación blanca. Llovía. «Antes me costaba salir a entrenarme cuando hacía mal tiempo». Quería tirarse a la lluvia. Lo hizo la tarde que le dieron el alta médica. Agua fresca en la cara, regando los 70 puntos que cerraban su cabeza. En el hospital se había soñado como Armstrong. Tras su huella. Hoy la pisará sobre el pavés de los Campos Elíseos. Ayer se lo ganó: por 23 segundos resistió a Evans y por 31 a su aliado Leipheimer. Tanto Tour en un suspiro. Sólo los ocho segundos de Lemond sobre Fignon en 1989 y los 22 de Koblet sobre Geminiani en 1951 concentraron más emoción. Ya es el quinto español en las tablas de Tour: Bahamontes, Ocaña, Delgado, los cinco de Induráin... Y Contador. Ayer amaneció lloviendo en Anguleme. Buena señal. El mejor sitio para salir del 'Agujero de la Muerte'.

Contador subió a la rampa serio, concentrado, a juego con la liturgia de 55 kilómetros contrarreloj. Tenía 1.50 sobre Evans y 2.49 sobre Leipheimer. Tenía dudas. Y un apoyo: Armstrong, al lado, a rebufo en el coche. «Voy a recordar el dolor. Así aprenderé a resistirlo todo». Esa frase la leyó Contador en la autobiografía del copropietario del Discovery. En el hospital. «Hay días en los que me siento más viejo de lo que dice mi edad». Eso lo dictó también Armstrong. Vale para los dos. El madrileño se ajustó al reloj. Ojos fijos, trepanadores. No hay silencio más compacto que el de un ciclista absorto a 180 latidos por minutos. El Tour del positivo de Vinokourov y la expulsión de Rasmussen le había regalado un liderato que aún no esperaba. Tras tantos escándalos, tantos borrones, Contador iba a aprovechar la ocasión para pasar el Tour a limpio. Armstrong tiraba de él. El invisible lazo de la enfermedad. Y, claro, hubo que sufrir. De eso saben.

«Querer es poder»

«La forma más segura de obligarme a hacer algo es prohibírmelo», escribió Armstrong. A Contador, los médicos le condenaron a dejar la bicicleta. Bastante si podía andar. Renegó. Tres años después de aquel diagnóstico, ayer, Cadel Evans le comía su tiempo: casi un minuto en 35 kilómetros. Esa referencia le rasgaba como un cuchillo. Pero el reloj y Contador sólo miran hacia delante. Devolvió el vigor de acero a sus piernas. La pisada de gato de Evans, sigilosa, no era lo suficientemente rápida. El australiano hacía pesas sobre los pedales. Estilo costoso. Muscular. Contador, inquieto, pájaro, basculaba liviano. Molinillo. Como Armstrong. Así resistió. «Querer es poder». Esta frase no es de Armstrong. Se la dijo el hoy ganador del Tour a su madre apenas tres horas después de salir del quirófano. Cuando ayer cruzó la meta, se giró hacia el marcador. Lo supo. Por 23 segundos. Luego vio su victoria en la cara de Armstrong. Vivos. La misma sensación que la caída libre en el viejo pozo.

«En mis tests antidopaje, sólo hallarán huellas del trabajo duro», rotuló Armstrong en 'Vivir cada segundo', la segunda entrega de su vida. Contador lo firma. El Tour 2007 quedará archivado como el más triste, el del recelo del público. De Contador, de su futuro, pende buena parte de la resurrección de este deporte. De él y de los dorsales que vienen. El Tour que hoy acabará en París, terminó ayer: con la victoria de etapa metida en el aerodinámico perfil de gota de agua de Leipheimer. Con Sastre (cuarto), Zubeldia (quinto), Valverde (sexto), Astarloza (noveno) y Pereiro (décimo) colocados en la aristocracia del Tour. Y con un chaval nuevo, escalador, magnético, capaz de sacar al ciclismo con vida del 'Agujero del Muerto'. El reloj cantó ayer su nombre: Contador.

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